
Hace tiempo que estoy preocupada por las altas pulsaciones a las que suelo trabajar, tanto en series como en tiradas largas. Tal era mi preocupación que cada vez que veía mis pulsaciones altas, bajaba la intensidad de mi ejercicio. Mi última 10K la corrí con altas pulsaciones, llegué a 190 ppm. y cada vez que miraba el pulsómetro bajaba mi intensidad a 170-180ppm. Puesto que no sabía si trabajar en esta frecuencia es bueno y tenía miedo a poder tener cualquier dolencia en el corazón que me impidiese correr, decidí hacerme una prueba de esfuerzo. Por eso me parece muy interesante comentar en mi blog en qué consiste una prueba de esfuerzo y por qué considero que es importante.
Antes de realizar la prueba de esfuerzo me hicieron un reconocimiento básico y una antropometría para conocer con exactitud mi peso ideal y el peso forma y valorar los porcentajes de grasa y músculo corporal. Esto me permitió saber si mi cuerpo tiene las cualidades físicas necesarias para hacer el tipo de ejercicio al que me someto. Los resultados fueron muy buenos, 50.9% de masa muscular y un 11,8% de grasa con lo que tenía que perder 0,5 Kgr para estar en mi peso óptimo.
La prueba consiste en lo siguiente: me colocaron una serie de electrodos en el cuerpo para ver el funcionamiento del corazón y controlar las pulsaciones y una máscara ajustada en la cara (un poco agobiante) que va registrando el aire inspirado y el expirado. La prueba se inicia a un ritmo lento sobre una cinta de correr o bicicleta, y se va incrementando el ritmo (kilómetros/hora con mismo desnivel en mi caso) hasta que no pude aguantar más el ritmo.
Por una parte, el aire que espiramos es medido y analizado mediante una turbina y un analizador de gases que determinan la ventilación (VE) y la concentración de oxigeno (VO2) y de dióxido de carbono (VCO2). La VE y el VO2 irán aumentando a medida que aumenta la intensidad del esfuerzo y que los músculos necesitan más oxigeno para trabajar, hasta llegar al consumo máximo de oxigeno (VO2max), que es la cantidad máxima de oxígeno que nuestro cuerpo puede aprovechar en un esfuerzo de alta intensidad. Por otra parte, los electrodos registran la actividad cardiaca y el pulso, generando un electrocardiograma continuo para analizar la función cardiaca.
Con ambas pruebas se obtienen unas frecuencias cardiacas que determinan los umbrales aeróbicos (o de carrera continua o rodaje) y los anaeróbicos (o de carrera intensa, series y repeticiones), es decir, me permite conocer las frecuencias cardiacas correctas para cada entrenamiento a realizar y conocer en qué zonas de frecuencia debo trabajar para poder mejorar mi rendimiento.
Ahora ya estoy lista para trabajar en las zonas de frecuencia óptimas que me permitirán mejorar y hacer entrenamientos de calidad, pero aún más importante, la tranquilidad de saber que hago deporte sin riesgos, de manera saludable y segura.
